sábado, 19 de marzo de 2011

El testimonio de un Ofensor Sexual/Guillermo

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El testimonio de un ofensor sexual

Un calvario en vida:

El testimonio de un ofensor sexual
Por Carmen Cila Rodríguez


“Las personas piensan que el ofensor sexual anda por ahí con el cuerpo del delito, buscando a quién hacer daño”Guillermo posee un contagioso sentido del humor y es excelente conversador.
Es un hombre maduro que ronda los 40 años de edad, de aspecto cotidiano y sale a la calle todos los días con típicos mahones y una gorra de béisbol.
Sin embargo, aunque su apariencia es la de un individuo promedio, es un ofensor sexual.

En este reportaje, el proceso criminal que enfrentó no se describirá, ni se divulgará su identidad real.

No obstante, Guillermo sí accedió a revelar que durante el 2003 comenzó a involucrarse en la pornografía infantil a través de su computadora personal y que continuó esa acción por un periodo de seis meses. Fue detenido por las autoridades, procesado por un tribunal e identificado -por diez años, como exige la Ley- en el Registro de Ofensores Sexuales del Estado.

Quiso contar su historia

Guillermo asegura estar arrepentido de haberse involucrado en este tipo de actividad. Aunque afirma que nunca posó su mano sobre una víctima, confesó que su proceder fue como “patinar sobre hielo fino” al exponerse a la tentación.

“Había tenido problemas familiares, de soledad y en el empleo. Tenía mucho tiempo que no encontraba en qué invertirlo”, aseguró un tanto nervioso al comenzar su plática con La Perla del Sur e intentar justificar los motivos de su conducta.

“Cuando vine a despertar... me insensibilicé. Es un proceso que toma tiempo, es escalonado”, continuó describiendo, aún asombrado sobre cómo se internó en esta subcultura delictiva en la que, además, gastó dinero.

“Esto es un ciclo y después de la ofensa uno se siente culpable, sucio, deprimido, triste y eso me llevaba a cometer la acción, otra vez”, dijo firmemente. Según subrayó, parte de su frustración actual es que “me permití hacer cosas que yo nunca pensé en la vida. ¿Por qué yo me permití quedarme callado y continuar con eso? Ahora veo las consecuencias personales, sociales e internas. Yo perdí mi libertad porque abusé de ella”, reconoció.

A medida que avanzaba el diálogo, Guillermo se identificó con otros ofensores. “Dentro de nosotros hay una persona que sufre, nos ha tocado vivir con el peor de los males”.
“En mi trabajo no saben (sobre la convicción) y estoy expuesto a que me expulsen. Las consecuencias son durísimas y no se las traga nadie. Es una acusación social constante. Es un tipo de delito que ni los criminales quieren”, añadió.

Resentido con ‘religiosos’

Por otro lado, confesó que buscó ayuda espiritual, “pero encontré rechazo”.
Según explicó, no acude a ninguna iglesia “porque para ser lastimado, soy lastimado en casa con mi soledad”.

“Hasta los eclesiásticos te dicen que ‘hay cosas que sólo Dios perdona’ y (con esa expresión) te están diciendo ‘aquí no busques perdón. Si Dios te perdona, pues es el único aquí que te va a perdonar”, continuó.

“Las personas piensan que el ofensor sexual anda por ahí con el cuerpo del delito, buscando a quién hacer daño”, sentenció además.

“En esta cultura, los delitos sexuales son los más perseguidos, los más odiados. Aún cuando se demuestra arrepentimiento, socialmente a un ofensor sexual hay que matarlo”, añadió casi reprochando la buena voluntad que tiene la ciudadanía hacia los adictos o deambulantes, actitud que no aplica a ellos.

Por otro lado, Guillermo asegura que cuando lee o escucha en medios de comunicación sobre una agresión sexual, se indigna como cualquiera.

“El hecho de que yo sea un ofensor sexual no significa que estoy de acuerdo con lo que hizo otro. Yo tengo sentimientos. No porque yo haya cometido una ofensa se apoya todo lo que pasa. A nadie le gusta ver un niño abusado, ni siquiera a los ofensores sexuales”, ripostó.

“Si me dieran la oportunidad -antes que me apedreen- me gustaría decir que el ofensor sexual es un ser humano que tiene virtudes excepcionales, que se ha traicionado a sí mismo y que no todos le han hecho daño a otras personas”, señaló emocionado.

Vital el apoyo familiar

Guillermo, quien ya cumplió pena por su delito y participa voluntariamente de programas de rehabilitación, asegura haber tenido una niñez normal.

Solo recordó haber vivido “una sobreprotección maternal, que quizá fue precipitante. Nunca fui abusado sexualmente”, aclaró prontamente el entrevistado, quien afirmó no se ha casado, ni tiene hijos.

Asegura que su familia inmediata le ha apoyado y que “conocen que soy un ser humano y reconocen mis valores como individuo, pero de ahí en fuera (los demás) me ven y no quisieran verme”, continuó apesadumbrado.

“Hay muchas personas que saben y el panorama cambió. La gente ya no me ve con la misma confianza que antes, se van alejando o me dejaron de hablar”, abundó sobre lo que catalogó como una situación de “frustración constante”.

Según el Registro de Ofensores Sexuales y Abuso a Menores, en Puerto Rico existen 2,257 personas procesadas e identificadas oficialmente bajo estos cargos.

De esa suma, la región de San Juan reportaba el mayor número de individuos al cierre de esta edición, con 191 casos, seguidos por Bayamón con 115 y Ponce -en tercer lugar- con 106.
No obstante, esta cifra varía semanalmente, de acuerdo con el Sistema de Información de Justicia Criminal (SIJC), por lo que las estadísticas son evaluadas y actualizadas casi continuamente.

El motivo, porque “cualquiera puede ser”.

“Tenemos la idea del ofensor como este hombre malo, macho, que mata, que agrede y perdemos de perspectiva que detrás de todo esto hay un ser humano”, describió a La Perla del Sur Vanessa Berríos Méndez, directora del Programa ETHOS.

Este último es una entidad que auxilia y trata mediante terapias a ofensores sexuales consumados o individuos con fantasías sexuales desviadas.

“No en todos los casos tenemos un sicópata que mata y agrede sin ningún tipo de remordimiento. Una gran parte de estos ofensores quieren controlarse y no pueden. Ellos le llaman (al fenómeno) ‘el monstruo que tenemos dentro’, explicó la también sicóloga sobre el perfil de la población con la que trabaja desde hace mas de 20 años.

“Algunos -incluso- han decidido no casarse o no tener hijos porque saben que no se pueden controlar. Muchos han sido víctimas de abuso y de muchos tipos de traumas y no recibieron ayuda”, recalcó además.

Por regla general, indicó, estos ofensores pertenecen a “todos los niveles profesionales y de todos los estratos sociales, incluso religiosos”.

“La gran mayoría (de los clientes de ETHOS) no llena el estereotipo que muchos piensan. Jamás te puedes imaginar que podría ser un vecino, un maestro, un médico, un policía. Cualquiera puede ser”, dijo.

“Usualmente comienzan a presentar conducta sexualizada a muy temprana edad, porque han sido abusados y de ahí el próximo paso es presentar conductas agresivas”, agregó.

“El 80 por ciento de los agresores sexuales comenzaron antes de los 18 años de edad”, continuó.
Sólo 40 féminas

De la cifra insular reportada, 40 ofensores resultaron ser féminas.

Este contraste, alegó Berríos Martínez, responde en parte a que culturalmente es aceptado que un varón de menor de edad tenga relaciones íntimas con una mujer mayor que él.

“Se está dando con frecuencia, pero no se reporta”, indicó además.
Aún así, la psicóloga advirtió que aunque “el ofensor sexual no se cura, aprende y desarrolla herramientas para poder controlarse”.

“Ese es mi compromiso. Aquí (en ETHOS) tienen un espacio todas las semanas para hablar”, sentenció, no sin antes advertir que por ley, ante una sospecha o confesión de que esté ocurriendo abuso sexual, tienen que reportarlo a las autoridades.

“Hay personas que reconocen que tienen un problema, pero (tampoco saben) a dónde ir. Hay unos que no han violado a nadie, pero saben que tienen un problema y saben que tienen que parar”.

“El componente de castigo (usualmente la cárcel) es bien importante. A veces eso es lo que les cambia la vida y aprenden que tienen un problema”, concluyó Berríos Méndez.

El Registro de Ofensores Sexuales y Abuso a Menores está disponible en el portal cibernético
http://sijc.gobierno.pr

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ofensores(as) Sexuales en Puerto Rico




Saludos:

Este "blog" ha sido creado para darle voz a un grupo determinado de personas marginadas y reales dentro de nuestra sociedad conocidos como Ofensores(as) Sexuales. Entendemos, se hace necesario darle voz a las personas convictas por delitos sexuales y/o abuso a menores.
Nuestro propósito, no es justificar ni juzgar las acciones de sus actos, pero si estudiar como la Ley número 266 del Registro de Personas Convictas por Delitos Sexuales y/o Abuso a Menores les ha afectado y posiblemente contribuido a la violación de sus Derechos Humanos.

Según un reportaje del rotativo Primera Hora por Firuzeh Shokooh Valle y Oscar J. Serrano (2007), "los ofensores(as) sexuales convictos son los únicos criminales marcados públicamente. El temor permanente a que reincidan los ha desterrado de las comunidades donde viven."

En el mismo reportaje mencionado, el abogado Corey Rayburn Yung indica que "las restricciones impuestas a los ofensores(as) sexuales causan un tipo de “exilio interno”."

El Dr. Richard Krueger, Psiquiatra experto en conducta sexual explicó en otro reportaje en Primera Hora (2007) por Firuseh Shokooh Valle que "las leyes de los registros pueden ser tan restrictivas que condenan a los convictos(as) a estar desempleados y a no poder rehacer su vida. Estas limitaciones, según Krueger, aumentan el riesgo de reincidencia. Advirtió también que los delitos sexuales son el crimen menos informado a la Policía, por lo tanto, utilizar el registro como una medida de la magnitud del problema puede llevar a engaño. No existe evidencia empírica alguna de que la implantación de los registros en Estados Unidos ha disminuido los casos de abuso sexual contra menores." "

Durante el proceso para el desarrollo de este estudio, se entrevistaron a varias personas que no han sido ofensores(as) sexuales. Entre sus comentarios, se destacaron los siguientes:
(1) Los (las) ofensores(as) sexuales no merecen vivir y mucho menos tienen derechos humanos.
(2) No se considera favorable tomar en consideración esta clase de tema y mucho menos analizarlo
(3) Los (las) ofensores(as) sexuales no tienen derechos y mucho menos merecen ser tratados con respeto.
(4) ¿Quien lo hace una vez, vuelve a hacerlo, así que, por qué tratar de arreglar lo que no tiene remedio?

Considerando lo antes explicado, deseamos saber si la base de datos administrada por el Sistema de Información de Justicia Criminal, Ley número 266 del Registro de Convictos(as) por Delitos Sexuales y/o Abuso a Menores te ha afectado imposibilitando tu integración social, familiar y rehabilitación.
Danos tu opinión.

Los datos obtenidos por el "blog" solo serán usados para realizar un estudio universitario. Los mismos, serán manejados confidencialmente tomando en consideración las historias de vida de cada persona.

Si deseas ofrecer tu información ó compartir tu historia fuera del "blog" confidencialmente, escribe al moderador del foro directamente a:

edrcartage@gmail.com

Muchas gracias y esperamos poder escuchar de ti pronto.
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